Siempre me han causado curiosidad las nuevas tecnologías y los dispositivos electrónicos. Soy de las que leen, de principio a fin, el manual de instrucciones de cada aparato que pasa por mis manos y aquella a la que siempre acuden todos cuando no saben cómo configurar algo en su TV, PC o reproductor de música. Sin embargo, no me ocurre lo mismo con los teléfonos celulares. Me tardé varios años antes de comprar un teléfono de gama media y aunque hoy tengo un Smartphone (iPhone 4S), no le doy el uso que todos quisieran o podrían darle. Y no termino de entender por qué.
Me gusta conversar con mis amigos, pero lo disfruto más si el encuentro es personal. Me encanta escuchar música mientras hago otras cosas, pero prefiero hacerlo en un reproductor exclusivamente diseñado para ello. Pero más que nada, me gusta tener espacios de privacidad y tranquilidad y los celulares, cada vez más, han venido a invadir esos espacios y casi a desaparecerlos. Tal vez ahí radique mi Smartphone-rebeldía.
